Sobre la oportunidad

Alexander A. Ramírez M.

Quiero expresarte lo que significa la oportunidad para un hombre y hablo de un hombre, justamente por que soy uno y a pesar de eso represento también una minúscula fracción de un género que considero, no en pocos casos, piensa y comparte mi sentir y pensar, aunque muy pocos lo logren expresar.

La oportunidad es la posibilidad abierta, transparente o no, justa o no, de involucrarte con alguien con quien te identificas en niveles diversos, desde el deseo, hasta una conversación profunda. Aunque en mi mente muy bien puede mezclarse con algo de placer. Ya que la intimidad es justo llegar a sublimar un vínculo más profundo, en el mejor de los casos, y muy bajo, en otros. En fin, es la realización de estrechez en una relación, un ritual de fusión, de entrega y vulnerabilidad, de tomar y ejercer fuerza, de dejarse llevar, de dominar o ser dominado, de recibir y lo más satisfactorio en mi caso, de dar.

La posibilidad aparece como la unión de varios elementos, una mirada, una frase, el roce, el apoyo, la palabra, el aliento, la piel, el calor, un temblor, un deseo, etc. En muchos casos es casual y en otros producto de mucho contacto. No considero que yo sea atractivo a primera vista, de hecho el interés siempre viene después de una conversación y de alguna atención de mi parte. En general me gusta que sea así, pero mi mente de hombre no deja de fantasear sobre la posibilidad de lo casual, lo fácil, etc. Muchas damas declaran, cuando se sienten muy seguras de sí mismas, al menos en lo exterior, que los hombres le tienen miedo o se sienten intimidados. Les puedo asegurar que en muchos casos no nos parece atractivo, y sin querer ser absoluto en lo que digo, en el caso de las mujeres lo típico es todo lo contrario, se sienten atraídas por un hombre seguro, dominante, en el exterior, aunque en la intimidad refleje su verdadera naturaleza, al igual que las damas. La oportunidad en este tipo de escenario aparece cuando nos deslastramos de nuestra apariencia y comenzamos a ver y a escuchar.

Conciente de lo egoísta que puede sonar, como hombre confieso que me gustaría armar un escenario con muchas damas que encarnan los ideales que busco en una dama. Sin embargo, me acostumbro a pensar, en hallar solo una pareja que encarne el criterio más trascendental para mí y en el resto encontrar los substitutos que no me lleven a la frustración. Un sustituto puede ser otra relación, una amistad (sencilla o íntima), en fin, cualquier cosa. Sin embargo, si me equivoco al escoger, lo cual no es muy difícil, aunque satisfecho y feliz por lo que tengo, me encuentro buscando el resto. Y justo aquel aspecto trascendental queda expuesto a la búsqueda activa o no.

Si en el camino no aparece nada, mi vida continuará igual, sin embargo si he tenido la oportunidad de probar aquello que considero importante y trascendental para mí, definitivamente comienza un proceso interno. He observado en mis amigos que estos procesos no son explícitos casi nunca, el que lo hace es loco, ya que comienzas a exponer diálogos internos que en general no son estructurados, ni parecen tener sentido.

Por otra parte aquello que es trascendental en un momento puede cambiar con el tiempo. Lo cual hace el problema más complejo. Sin embargo debemos encontrar aquello que es fijo y nos arraiga.

En muchos casos no están concientes y en los casos que sí lo están, pasan por el mismo, sencillamente solos. Solos por que no comparten algo importante, no lo ventilan y por lo tanto nadie se entera. De hecho se enteran cuando el proceso ha avanzado y a los ojos de los demás, el desenlace luce inexplicable e incomprensible. En general hemos juzgado la actuación de otros en base a lo que conocemos, sin pensar u obviando lo que no. Ya que para muchos de nosotros la profundidad en el pensamiento es un lujo vano y debería ser evidente por “sentido común”, la forma como nos debemos desenvolver. O al menos tener algún sentido.

Lo que es importante entender, es que en la vida nada tiene respuesta definitiva, ya que las preguntas en general tiene un fondo filosófico. Por otra parte tenemos que actuar y desenvolvernos con lo que tenemos y conocemos. Por lo que muchas de nuestras decisiones son experimentos, conjugados con o sin experiencia previa. En todo caso nuestras decisiones fijan algún tipo de expectativas, cuyo resultado no está asegurado, ni es evidente o predecible.

Nuestras decisiones se basan en alguna oportunidad aparente. El resto se desprende de nuestras acciones y la de otros interrelacionadas. Todo tiene que ver.

Las relaciones comienzan y terminan por la oportunidad y aunque nos duela, la oportunidad siempre va en nuestro favor, y aparentemente también en contra. Al principio, en el primer caso produce satisfacción y en el segundo frustración. Pero con el pasar del tiempo entendemos que las oportunidades son engañosas y lo que produce satisfacción al principio, luego se convierte en un criterio para diferenciar lo bueno, de lo que es engañoso. Y lo que es frustración, al principio, luego es experiencia y se puede transformar en una nueva oportunidad o si lo preferimos en razón para paralizarnos y frustrarnos.

La clave radica en nuestra actitud frente a la oportunidad. Y sin querer declarar cual es la mejor actitud, cada uno tiene derecho a reaccionar y ser como mejor le parece, aunque personalmente prefiero encontrar la nueva oportunidad que se me aparece al frente y superar siempre lo que no me permite avanzar. Esto es lo que considero proactividad y búsqueda de la experiencia.

Es sencillo, cada cual debe buscar lo mejor para sí, sin embargo tu calidad como persona tiene que ver con cómo lo consigues y a cuantos involucras en el camino. En soledad es sencillo, pero esa no es la condición natural. Es decir, desde que nacemos estamos relacionados con otros, y nuestra vida avanza en relación con otros. Aunque procuro lo mejor para mí, debo procurar también lo mejor para el otro. No en oposición, sino en complemento. Si los oponemos, la balanza se inclina y nuestra aspiración de justicia se nubla, si los complementamos, encontraremos el balance al que, por justicia, aspiramos.

Lo que me parece importante es que nos mantengamos alertas sobre las oportunidades y decidamos si nos exponemos o no. Para mí está claro que son las oportunidades las que definen la vida. La vida tiene que ver justo con nuestra actitud frente al aparente descontrol y caos, a como lo enfrentamos, como reaccionamos y finalmente como actuamos.