Yo soy Bolivariano como todos los Venezolanos

Alexander A. Ramírez M.

Reducir el destino de un país a la doctrina de un hombre, por muy ilustre que sea, es injusto con todos los hombres que han hecho algo útil por el país, por muy humilde que sea.

Cuando un filósofo se casa con un autor específico comienza a usar unos lentes que aclararán o distorsionaran la visión de acuerdo con la situación que se le presente.

Lo apropiado es usar los lentes que mejor se ajustan a la situación en cuestión.

La doctrina de Simón Bolívar enaltece nuestro gentilicio pero no la abarca toda. Sirve como base pero no acaba sus posibilidades.

Lo mejor que podemos hacer por el libertador es usar su ejemplo como referencia. El mal uso o descontextualización del pensamiento puede convertirse en una amenaza en lugar de un valor.

Usar el nombre del libertador puede servir tanto de homenaje como para faltarle el respeto.

Una República Bolivariana que es autoritaria o corrupta o divisionista nada tiene que ver con su memoria. Y no hay peor homenaje que manchar el nombre de un prócer. El respeto a su memoria nos indica, por sentido común, que no debemos usar su nombre en vano.