Cesen los partidos

Alexander A. Ramírez M.

Que cesen los partidos solamente puede significar que se respete la voluntad del pueblo a pesar de la línea del partido de gobierno o de cualquier otro.

Los dirigentes que ocupan cargos que se someten a elección se deben subordinar a la voluntad de sus electores y deben preocupar por reflejar la voluntad de sus electores.

Lo que pueda agregar un dirigente en su praxis no puede desentender o desconocer a sus electores. La democracia no la sostiene el partido ni sus líneas. Aunque existan lineamientos, estos no se pueden convertir en políticas. Las políticas deben ser el resultado de la consulta a la voluntad del pueblo.

Aunque los partidos le dan espacio a los líderes para que se desarrollen, estos deben servir para enmarcar la acción, para que la praxis se oriente dentro de los preceptos de una línea ideológica, desarrollada y debatida suficientemente en el partido. Sirven como depositarios de las semillas que se van a sembrar para producir ciertos aspectos del jardín en el que vamos a vivir. Si prevalecen los intereses del partido tal jardín se puede convertir en un espejismo en medio del desierto.

Un país donde predomina la línea partidista produce la partidocracia. Este fenómeno produce una división basada en la existencia de los partidos, de las posiciones ideológicas de unos contra otros. En fin se produce la violencia ideológica.

Para evitar esto, el estado debe promover la existencia de mecanismos que audite la praxis de un dirigente con relación a la voluntad de sus electores.